7 oct 2016
10 jul 2016
DONACIÓN DE UNA OBRA DE BENJAMÍN PALENCIA AL MUSEO DE ALBACETE
Benjamín Palencia
inició tempranamente sus viajes por tierras extremeñas, posiblemente en la
primera mitad de los años 20, si nos atenemos a algunos testimonios conocidos
que nos llevan a esa conclusión, como lo sucedido en 1925, con motivo de su
participación en la exposición de la SAI (Sociedad de Artistas Ibéricos), que
supondría un punto de inflexión en su trayectoria artística. En esta muestra el pintor participó con varios cuadros, como
el titulado “Bodegón Cubista” del
Museo de Albacete, junto a otros artistas comprometidos en la creación de un
arte nuevo.
Una de las obras con
la que participó en esta exposición, realizada en tierras extremeñas, la tituló
“Paisaje de Extremadura” siendo objeto de burla por parte de la revista
gráfica Buen Humor, muy crítica con
los nuevos valores en las artes plásticas, como podemos observar en el
comentario que le dedicó:
“Las cosas que se ven en este mundo; este paisaje está tomado del natural
en Extremadura y resulta que el paisaje es de Palencia”.
En la campaña contra
el Arte Nuevo, que lideró esta revista, también fueron objeto de crítica obras
de Victorio Macho, Bores, Dalí, Alberto, Barradas, Tejada, Ucelay y Solana.
En torno a 1926, Rafael Alberti, conoció a Benjamín, según
confiesa en sus memorias, recordando como ese año el pintor “… se acaba de recorrer Extremadura,
dibujando a cuanto pastor y niño se ponían a tiro de su lápiz…”
Muchos años después y
formando parte de la donación que el pintor realizó al Museo de Albacete, entre
1977 y 1978, figuran tres obras con el título: Villar del Pedroso, fechadas en esta década. Este pequeño pueblo
extremeño, acariciado por el arroyo del Pedroso, del que toma su nombre, es el
que Benjamín visitaba todos los años, invitado por su amigo Paco de la Cruz
Alcoba, pintor y poeta, con el que pasaba largas temporadas en la casa
familiar.
El mismo Benjamín, en una conversación informal
grabada por Samuel de los Santos, en el Museo de Albacete, comentó al ver uno
de estos cuadros:
“… esta es la provincia de Cáceres, hacia Guadalupe, que yo tenía un amigo,
Paco Cruz, que en un pueblo, Villar del Pedroso, que está entre Toledo y
Alicante, me invitaba a temporadas para –porque era poeta– para nada, invitarme
y trabajar y darme facilidad al trabajo. Y esto también está hecho con tierras
[…] el Villar del Pedroso, sí. Este pueblo cuando le preguntaban en Madrid,
dónde está Benjamín Palencia, le decían: está en Villar del Pedroso. Le gustó
tanto a Federico García Lorca, el Pedroso, que en sus obras puso un personaje
que se llamaba “el Pedroso”. Le gustó muchísimo el nombre. Este es un pueblo de
Cáceres, modesto, que todavía vamos […] vamos casi todos los años, vamos a
visitarlos, es una gente muy rica, que tienen dehesas, tienen grandes
posesiones y eso…”
Por todo lo anterior,
sabemos que Benjamín, aprovechaba estas escapadas extremeñas en la casa
familiar de su amigo Paco Cruz, situada en Villar del Pedroso, para pintar,
sobre todo paisajes extremeños, aunque hay constancia de que también realizó
ocasionalmente algún retrato a miembros de esta familia.
La frecuencia de estos
viajes hizo que surgiera el afecto entre Benjamín Palencia, y Margarita Jarillo
González, joven trabajadora en casa de esta familia, quien ya mostraba una
entereza poco común, además de poseer un carácter afable según cuentan quienes
la conocieron bien, cualidades que no pasarían desapercibidas para Benjamín,
quien, según contaba Margarita, era de carácter abierto y buen conversador.
Un día le dijo a ésta:
“Margarita, siéntate que te voy a hacer
un retrato“, y así fue, Margarita posó varios días en las horas que le
quedaban libres de sus quehaceres diarios. En un viaje posterior Benjamín, le
preguntó qué había sido del retrato, ¿dónde lo tenía?, a lo que Margarita
contestó: “Ah, sí, está en la troje (cámara) guardado”, a lo que Benjamín contestó:
“pero mujer, hay que conservarlo bien, en
un futuro tendrá valor… tráelo que lo remate y lo firme” (siguiendo su
costumbre, no lo había firmado antes). Fue entonces cuando completó el azul del
vestido, junto a otros detalles y lo firmó, según afirma su hija María Dolores
Casitas Jarillo, que le contaba su madre cada
vez que le relataba la historia del cuadro. Su ejecución en dos momentos
distantes en el tiempo, es perfectamente
apreciable en esta obra, de 50 x 38 cm que el artista no fechó y que debió
realizar con posterioridad a 1925, probablemente entre 1926 y 1928, si nos
atenemos a los pocos datos con los que contamos y a la memoria de sus
familiares. Tras el fallecimiento de Margarita Jarillo González, sus descendientes,
poseedores de esta obra de Benjamín Palencia, han decidido de común acuerdo en
un acto generoso por su parte, donarla a una institución, en este caso el Museo
de Albacete, que se encargue de velar por su conservación y difusión, como
viene haciendo con el resto de las obras que el pintor donó al museo, siendo
ésta la mejor manera de preservar la memoria de Margarita, y mantener vivo su
recuerdo.
Fotografía de Margarita Jarillo, algunos años después de la fecha del retrato (lleva los mismos pendientes que en el retrato que le hizo B. Palencia)
Retrato de Margarita Jarillo, objeto de la donación
Publicado en La Tribuna de Albacete 5- julio-2016