22 abr 2020

MIGUEL HERNÁNDEZ Y SU RELACIÓN CON ALBACETE.



Miguel Hernández conoció a Benjamín Palencia, nuestro pintor barrajeño, durante el segundo viaje que realizó el poeta a Madrid en el año 1934, en el contexto de la revista Cruz y Raya que dirigía Bergamín, quien le presentó a otros integrantes de la Escuela de Vallecas, sobre todo a Alberto y Maruja Mallo, con quienes mantendría una relación epistolar con el primero y sentimental con la segunda. Ya desde el principio mostró su comunión con los postulados plásticos de Benjamín y Alberto, a los que acompañó en algunas ocasiones durante sus salidas a los campos de Vallecas. En esos tiempos, Benjamín y Alberto expresaban en sus pinturas y esculturas lo que Miguel Hernández quería formular con su poesía, mostrando enseguida su admiración por la pintura de Benjamín, como dejó escrito en diversas cartas enviadas a amigos comunes (Luis Felipe Vivanco, Víctor González Gil…), y manifestó en una carta que le escribió en diciembre de 1934 desde Orihuela, donde le mostraba su admiración y le pedía insistentemente su colaboración. La carta dice así:
Amigo querido Benjamín,
Estoy acabando de terminar un libro lírico “el silbo vulnerado”, un libro como tú me pedías, de pájaros, corderos, piedras, cardos, aires, almendros. Necesito de pura necesidad tu colaboración y de puro orgullo también ¿Quieres decirme inmediatamente si cuento contigo?
Como tú, estoy lleno de emoción y la vida inmensa de todas esas cosas de Dios: pájaro, cardo, piedra… por mi trato diario con ellas de toda mi vida. Te debo un adiós desde que no estoy en Madrid ¿me lo perdonas? Mándame tu dirección para escribirte a tu casa. Te mandaré si me lo dijeras, copias de los poemas. No sé si Bergamín el maestro querrá dar este libro ahí.
Estoy esperando, ¡con que gana! palabras suyas, aunque sean pocas. Dame la alegría de escribirme diciéndome que sí es eso: soneto de la serie pastores que hago. Toma un abrazo, y un adiós que vale por el que no te dije y otros más, y pide mandando de Miguel Hernández. Tu amigo. ¡Adiós!




Borrador original de la carta enviada por Miguel Hernández a Benjamín Palencia. Legado Miguel Hernández. Instituto de Estudios Giennenses.

De la amistad que surgió entre ambos y de esta colaboración que Miguel le pide en su carta para “el silvo vulnerado[1]”, y que, al parecer, ya tenían hablado, solamente se llegó a ejecutar un espléndido dibujo que el pintor realizó del poeta.



                                 

Dibujo de Miguel Hernández realizado por Benjamín Palencia, sin firmar ni fechar, realizado probablemente en 1935 para formar parte del proyecto de “el silbo vulnerado” que no se llevaría a cabo.




Se pone así en evidencia la íntima relación existente entre poesía y artes plásticas, tan común en esos tiempos de preguerra.
Eran tiempos convulsos y la toma de posición política por parte de Miguel Hernández le alejaría de los ambientes culturales madrileños truncando así esta posible colaboración. Incorporado al ejército republicano, envió un poema inédito al Diario de Albacete –órgano de la Unificación Marxista y por lo mismo se designaba como portavoz de la clase obrera en su cabecera–, durante los primeros días de enero de 1937, titulado “las abarcas  desiertas”, que debido a su contenido debía publicarse en fechas cercanas a la festividad de Reyes, como así fue (Diario de Albacete. 7-1-1937:2). El poema, publicado por primera vez en Albacete, decía:
Por el cinco de enero / cada enero ponía
Mi calzado cabrero / a la ventana fría.
Y encontraban los días / que derriban las puestas
Mis abarcas vacías, / mis abarcas desiertas.
Nunca tuve zapatos, / ni trajes ni palabras:
Siempre tuve regalos, / siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza / me lamió el cuerpo el río,
Y del pie a la cabeza / pasto fue del rocío.
Por el cinco de enero, / para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero / una juguetería.
Y al andar la alborada / removiendo las huertas,
Mis abarcas sin nada, / mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado / tuvo pie, tuvo gana
Para ver el calzado / de mi pobre ventana.
Toda gente de trono, / toda gente de botas
Se rió con encono / de mis abarcas rotas.
Rabié de llanto, hasta / cubrir de sal mi piel,
Por un mundo de pasta / y unos hombres de miel.
Por el cinco de enero / de la majada mía
Mi calzado cabrero / a la escarcha salía.
Y hacia el seis, mis miradas / hallaban en sus puertas
Mis abarcas heladas, /mis abarcas desiertas.

Este poema se publicó por primera vez en este diario, en una sección que titulaba Antología Revolucionaria. En números sucesivos también se publicaron poemas de Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, García Lorca, Machado, Moreno Villa, E. Quijada…

Tras finalizar la Guerra Civil y tratar de cruzar la frontera de Portugal, fue detenido y entregado a las autoridades españolas, ingresando el 8 de mayo de 1939 en la prisión de Huelva. Inició un peregrinaje carcelario que le llevó desde Ocaña a la prisión provincial de Albacete el 26 de junio de 1941, donde pernoctó y envió una carta dirigida a su hermana mayor Elvira, y dentro del mismo sobre, otra dirigida a su mujer Josefina. Seguidamente, saldría hacia Alicante donde en poco tiempo enfermaría de tifus que evolucionó en la tuberculosis que acabaría con su vida el 28 de marzo de 1942. Las cartas decían:

Albacete, 26 de Junio de 1941
Querida Elvira: sabrás me encuentro en Albacete desde anoche de paso para Alicante. Las noticias que tengo de salida de aquí son muy confusas. Unos me dicen que es posible salga pronto la expedición: Otros me dicen que todavía permaneceré aquí un par de semanas. Todo depende, según deduzco, de que la guardia civil considere que hay un grupo lo suficientemente nutrido que vaya a mi mismo punto. De todas formas avisa a Josefina aunque creo ya estará avisada desde Madrid, para que se desplace a tu casa. Presumo que ya estará ahí y por esto te escribo, además de que me interesa que tú también lo sepas para que me lleves a mis sobrinos a besarlos. Si puedo, te pondré un telegrama en el momento de salir hacia allá. Pero es cuestión de frecuentar la estación alicantina tú y Josefina, y de montar una vigilancia constante si es posible desde ahora. Os habrá extrañado tanto a Josefina como a vosotros las noticias tan contradictorias que os he dado referentes a mi traslado. Después de comunicarme que iba a Valencia supe que una gestión última de Vergara hiciera posible lo que deseamos: estar cerca y en Alicante. Ya os contaré todo detenidamente. Giradme unas cuantas pesetas por si permaneciera algún tiempo aquí. Recibe un fuerte abrazo, y otro para Paco y los niños de tu hermano Miguel.


¿Estás o no estás ahí con Elvira y Paco, Josefina? Presumo que sí porque hasta ayer que estuve residiendo en Ocaña no me llegó tu carta semanal y esto me da indicio de que atenta a las instrucciones que te di en una mía, te decidiste por fin a hacerte alicantina. Se me ha pasado el cabreamiento general que me puso la noticia de que me desviaban de destino yendo a parar a San Miguel de los Reyes. Parece que voy destinado a la Provincial y no al Reformatorio, creo que será mucho mejor para el caso de las visitas y demás ¿Y mi niño, pregunta cuando llego? Se me van a hacer más largos estos días de espera que todos los de mi vida, a pesar de que procuro no impacientarme y hasta duermo de un tirón como siempre. Preparadme ropa limpia y unos pantalones más frescos que estos de pana que llevo. Y tú, nena, procura estar más hermosa de lo que eres: eso lo conseguirás no impacientándote tampoco y queriéndome, poniéndote a quererme más que hasta aquí. Bueno, desea como yo que me saquen pronto de aquí, a ver si tu deseo hace fuerza y lo consigue. Da a ese niño un montón de besos y tú recibe mi cariño y todo lo demás de tu Miguel








       Instituto de Estudios Giennenses. Fundación Miguel Hernández.



    Entrada de la antigua prisión provincial de Albacete en el Puente de Madera.




Miguel Hernández con su hermana mayor Elvira y su sobrina, en la Gran Vía de Madrid. Instituto de Estudios Giennenses. Fundación Miguel Hernández.


[1] La primera versión de “el silvo vulnerado” se escribió en 1934 y constaba de 13 sonetos que tituló: “Imagen de tu huella”, donde ya empleaba imágenes sensoriales tomadas del campo y la naturaleza para expresar condiciones de lo humano (Duverran 1981:121), y que, posteriormente, según algunos autores influido por Benjamín Palencia tituló: “el silvo vulnerado”, integrando en el mismo los primeros sonetos que terminarían formando parte de otro manuscrito 26 sonetos y un heptasílabo que tituló: El rayo que no cesa”.