8 feb. 2013

VALDEGANGA Y EL DESASTRE NAVAL DE 1898



Desde comienzos del siglo XIX y hasta su finalización, el reino de España se vio inmerso en numerosas guerras que asolaron la Península, teniendo la última de éstas como detonante la extraña voladura del acorazado Maine que se encontraba anclado en el puerto de la Habana desde enero de 1898. Su voladura sirvió como excusa para que los Estados Unidos declararan la guerra a España el 25 de abril de ese mismo año, que en esta ocasión, no se desarrollaría en suelo peninsular, y sería muy corta, con una rápida derrota que significaría la práctica desaparición de la flota española frente a la norteamericana, que la duplicaba en tonelaje bruto y blindaje.

Acorazado Maine, USA. Fondeado en el puerto de La Habana.
  
Obreros recogiendo los pertrechos del acorazado Maine. (Colección Florencio Gómez)

El gabinete Sagasta no pudo tomar otro camino que el de la guerra, entre otras razones, por la amenaza latente de una revolución popular o la posibilidad de un golpe militar, como evidenciaba nuestra historia más reciente, aún a sabiendas de la debilidad de nuestra obsoleta armada y la desigual fuerza de ambos ejércitos, todo ello aderezado con una población española enardecida por la prensa.
Algunos miembros de la Iglesia hicieron pública su posición ante el conflicto, como ocurrió en la pastoral del 2 de julio de ese año, alusiva a la guerra contra los Estados Unidos, en la que Monseñor José Pozuelo atacó duramente a Norteamérica, incitando en la misma al pueblo español a no ceder. Los eclesiásticos también promoverían reuniones tendentes a elevar el patriotismo, ayudando al gobierno español por todos los medios disponibles.

 
Instrucciones para la constitución de las Juntas.


 
















En esta tesitura, el 23 de abril de 1898 se emite una Real Disposición para establecer en todo el reino una Suscripción Nacional para el fomento de la Marina y gastos generales de la guerra, promoviendo la constitución de Juntas Provinciales y  municipales para ese menester.

 La Junta provincial que se constituyó fue la encargada de establecer Juntas municipales en todos los pueblos de la provincia de Albacete, y no debieron ser muchas las que se establecieron en un primer momento, como se desprende de un comunicado publicado por el presidente de la provincial en el Boletín Oficial de la Provincia del 9 de mayo: “Esta Junta provincial de mi presidencia ve con profundo disgusto el poco entusiasmo con que en la mayoría de los pueblos de esta provincia se ha acogido la Regia disposición de 14 del próximo pasado, creando Juntas para la recaudación y fomento de la Suscripción Nacional…”


El 8 de mayo, un día antes del comunicado anterior, se constituye la Junta local de Valdeganga que como recogía el Real Decreto de 14 de abril, le correspondía presidir al cura párroco D. Martín Azorín Palao, formando parte de la misma con diferentes cargos el alcalde, el juez municipal, el médico titular, el maestro, el primer contribuyente y el obrero más anciano.
Tras constituirse, el primer acuerdo que adopta es citar en el Ayuntamiento a los mayores contribuyentes de la villa cuyo resultado supuso una colecta de 392,50 pesetas, además de las 150 pesetas que el Ayuntamiento destinó al pago de un palco para la corrida patriótica que con este fin se celebró en Albacete.
   

Objetos donados por los vecinos de Tarazona de la Mancha.











Algunos efectos rifados.
















Otros acuerdos adoptados con el propósito de recaudar más donativos fueron los de intentar celebrar algunas rifas benéficas, como hicieron otros pueblos del entorno, además de esperar a la próxima recolección de frutos como momento más propicio. La reunión en el Ayuntamiento finalizó con el ánimo en los presentes de  celebrar otra próximamente, en la que estuvieran representadas todas las clases sociales de la villa. La relación nominal de los vecinos que contribuyeron con su donativo en ayuda de la Marina de guerra se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de 25 de julio de 1898. Además de estos donativos en metálico, algunos de los pueblos ribereños del Júcar, como lo era Fuensanta, organizó la rifa de un huevo y una arroba de vino; Tarazona colaboró también con la donación de diversos objetos, además de la recaudación  en metálico.
Los datos sobre el número de soldados enviados a la isla para combatir a los insurgentes y a los Estados Unidos, entre los años 1895 y 1898 se cifran en
   
Capitan General Valeriano Weyler, Gobernador Militar de la Isla de Cuba.

      
  Últimos soldados en Cuba 
                                         
más de 220.000 personas, con una formación militar precipitada, mal equipados y sin aclimatar, siendo generalizada la opinión de que el peor enemigo contra el que tuvieron que combatir fue el  de    las enfermedades endémicas. 


 















 Existía una manera legal para evitar incorporarse al servicio militar, la llamada redención, que se obtenía mediante el pago en metálico de una cantidad que para este año de 1898 era de 1500 pesetas, lo que suponía que en la práctica siempre evitaban cumplir con el servicio militar los mismos, es decir, los hijos de las familias más pudientes. Otra manera de evitar este servicio, la única al alcance de los más pobres era salir excedente de cupo, donde la suerte jugaba un papel importante, o no presentarse a la hora del alistamiento, figurando de este modo en paradero desconocido. La administración iniciaba entonces un proceso para tratar de localizar al mozo como nos muestra el anuncio del Ayuntamiento de Valdeganga respecto al mozo Juan López García que no se presentó al alistamiento de febrero de 1898.



Tras la derrota de esta corta guerra, España perdió Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, liquidando al año siguiente los restos que le quedaban de su Imperio al vender a Alemania los archipiélagos de las Carolinas y las Palaos. La derrota provocó el regreso de un elevado número de repatriados desde las colonias que tuvieron que regresar a sus lugares de origen. En Tarazona de la Mancha, pueblo cercano a Valdeganga, la farmacia de D. Noé Garrido Romero dispensaría gratuitamente medicinas durante cuatro meses a los soldados repatriados hacia estos lugares.





 



































Pedro José Jaén Sánchez
Licenciado en Geografía e Historia

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