17 feb 2023

A PROPÓSITO DE UN GRAN MARCO DORADO EXISTENTE EN LA DIPUTACIÓN DE ALBACETE.

 

Antecedentes.

Toda pintura necesita un marco. Y un marco sin pintura se rellena generalmente con un espejo; así ha sucedido durante mucho tiempo en numerosos hogares españoles y esa sensación es la que percibimos en el hall de entrada a la Diputación Provincial de Albacete cuando observamos un gran marco dorado conteniendo actualmente un espejo, pero que en su día alojaría un gran lienzo. El marco en sí tiene unas características muy peculiares debido a varias circunstancias: sus grandes dimensiones poco comunes; su apariencia robusta y de buena ejecución, y el hecho de estar rematado en su parte superior por una corona, acompañada de guirlandas con motivos vegetales, indicándonos que este marco con su desconocido lienzo debió de ser un encargo institucional.

 


    

                                       Figura 1. Marco dorado con espejo.



                              Figura 2. Parte superior del mismo marco (detalle)

 

Procedencia.

Al parecer, no hay ninguna noticia documental en el archivo de la institución sobre su procedencia, ni sobre su posible encargo, siendo recuperado por un trabajador de  una de las dependencias de la institución en las que se encontraba, aunque noticias orales nos refieren que contenía un lienzo del rey Alfonso XIII, ignorándose cualquier otra referencia sobre este particular. Tampoco hay constancia de si el marco en cuestión se pudo realizar en la ciudad de Albacete, pues no existe, como hemos dicho, ningún dato al respecto, solamente sabemos, también por fuentes orales, que fue “recuperado” por un funcionario de la institución, ya sin lienzo, de las dependencias que en su día albergó la Casa de la Cultura, situadas en el edificio correspondiente a la primera ampliación del palacio provincial, en la calle Isaac Peral, donde  coexistieron en el mismo edificio con el museo provincial y la Biblioteca Pública, pasando el mencionado marco también por el Instituto de Estudios Albacetenses donde estuvo depositado. Al regresar del IEA a la Diputación fue cuando se le añadió un espejo de sus mismas dimensiones, figurando desde entonces en la entrada de la institución, todo ello relatado por un trabajador de la institución. Por nuestra parte, trataremos de arrojar algo de luz sobre el particular.

Descripción del objeto de estudio.

Se trata de un marco de grandes dimensiones como hemos dicho (1,44 m. de ancho por 2,06 m. de alto), timbrado con corona de marqués. Actualmente la heráldica es clara con respecto al uso de las coronas, pero no siempre fue así. Cada título de la nobleza requiere su corona, sin que se pueda usurpar con otra que no le pertenezca. En la cúspide de esta jerarquía civil se situaría la corona real. Formalmente, la de marqués está diseñada sobre un círculo de oro y pedrería decorado con cuatro florones foliados y cuatro formando una pirámide de tres perlas cada uno. Florones y ramos están situados sobre puntas elaboradas con el mismo metal que la base, realizado con cuatro puntas cortas sobre la que están montados un florón en cada una de esas puntas, de tal manera que tres de ellas están vistas (una de ellas en el centro y otras dos mitades en cada uno de los extremos). Entre los florones se encuentran cuatro grupos que sostienen tres perlas cada uno, estando a la vista solamente dos de ellos (Vaquerizo, 2000:93).

 

 

 

                        Figura 3. Corona de Marqués. (dibujoheraldico.com)               

 




                       Figura 4.- Corona real abierta (dibujoheraldico.com)


 Sobre este particular, nos hemos hecho la siguiente pregunta: ¿Porqué un marco con corona de marqués en su parte superior albergó un lienzo del rey Alfonso XIII? En principio, esto parece algo contradictorio, sobre todo en un marco realizado a finales del siglo XIX o principios del XX, aunque no era así en otros tiempos, pues revisando la iconografía hemos observado que era posible, incluso corriente, ya que a lo largo de la historia hay muchísimas representaciones de reyes coronados en los que, aparentemente, a la corona que portan le faltan algunos elementos distintivos de su rango, quizás por la facilidad que suponía para una rápida ejecución, teniendo éstas la apariencia de la corona de marqués, pues su elaboración resultaba mucho más rápida y sencilla, reforzando esta hipótesis el hecho de que hasta época reciente no existía ninguna norma o regla de obligado cumplimiento para este tipo de representaciones, donde los elementos esenciales que diferenciaban una corona de otra, sobre todo en las reales, no se ajustaban a la situación, como podemos observar en numerosas manifestaciones reales que a lo largo de la historia se han realizado sobre monedas, esculturas, pinturas ...., ¿podría tratarse de desconocimiento? ¿de rentabilidad en la ejecución?


 

           

                                   Figura 5.- Reyes Católicos                                                                         


                                             Figura 6.- Federico II                                                        


                                            Figura 7.- El rey Sancho IV    


                    

                          Figura 8.- El rey Alfonso X y su esposa Violante. 



                              Figura 9.-  Alfonso X (Libro de los juegos)  



                          Figura 10.- La reina Beatriz de Suabia orando                                                                                                                               

                                                                                                

La imagen institucional en la Diputación

                         Sobre esta posible “vinculación” de la institución provincial con realizaciones pictóricas del rey Alfonso XIII, solamente tenemos constancia documental de lo que viene reflejado en alguna de las actas de sus plenos. Así, en 1901 se celebra una sesión plenaria (22-10-1901), en la que además de crearse una plaza de “pensionado de pintura” destinada a pintores de la provincia de Albacete, y dotada con 2.000 pesetas anuales, permitiendo al pintor seleccionado poder ampliar estudios en el extranjero (preferiblemente en Paris o Roma, como reflejaban las bases); en esa misma sesión también se consignó la cantidad de 1.000 pesetas con destino a la adquisición de “retratos” del rey Alfonso XIII, mencionando en la misma: “...toda vez que en el mes de mayo cumple la mayor edad...”, se refería al próximo cumpleaños del rey en el cercano mes de mayo de 1902, en el que cumpliría los 16 años. Unos meses después (sesión de 26-2-1902), fueron leídas las instancias de los pintores provinciales aspirantes a la mencionada pensión, compitiendo por la misma solamente tres: Solero José Joaquín Cuerda Losa, Ángel Tébar Orozco y Adelardo Rebollo, pues un cuarto pintor que también presentó su instancia, nos referimos al pintor  Jesualdo Navajas (Alpera), no fue tenida en cuenta por la institución al ser presentada fuera de plazo. La plaza de pensionado se le concedió a Adelardo Rebollo, pintor natural de Hellín (sesión 20-3-1902), a quien debido a sus excelentes cualidades se le encargó la realización de los mencionados retratos de Alfonso XIII, de los que la Diputación conserva uno en el salón de plenos, pintado en 1902, y cuyo marco no tiene nada de excepcional. Adelardo Rebollo había dado muestras de sus grandes dotes pictóricas con anterioridad, pues donó a la Diputación un magnífico retrato al óleo del Teniente General D. Federico Ochando Chumillas, nacido en Fuentealbilla, cuyo paradero es desconocido actualmente (sesión 31-8-1901), y otro cuadro titulado “el mendigo” (sesión 30-10-1903), conservado en la mencionada institución.

   Figura 11.- Acta del pleno de la Diputación provincial (sesión 22-10-1901) (fragmento)

 

            Figura 12.- Adelardo Rebollo (fotografía facilitada por Antonio Moreno)


   

              Figura 13.- El rey Alfonso XIII pintado por Adelardo  Rebollo en 1902

                                                                                                                                     

Otro pintor, Adolfo Sánchez Megías, natural de Almansa (Albacete), uno de los grandes artistas de la provincia, también fue pensionado a finales del siglo XIX por la diputación provincial debido a sus grandes aptitudes y notas sobresalientes, para continuar sus estudios de pintura que realizó primeramente en Valencia, continuándolos después en Madrid, llegando a pedir a la diputación provincial la continuidad de la pensión concedida para proseguir estos estudios en Roma, ciudad a la que no llegaría a viajar por otros motivos personales. Lo cierto es que en agradecimiento a la corporación provincial le ofreció en 1885 un cuadro titulado: escena ascética que se conserva en la mencionada institución, dedicándole otro (1886) titulado: Después de la batalla de Almansa, cuyo paradero actual se desconoce.

     

      
   Figura 14. Figura ascética ( A. Sánchez Megías)



Figura 15.- Acta del pleno de la diputación que recoge el encargo de un cuadro de SM el rey, reflejando el dinero pagado (Sesión 16-4-1885).

   Un dato recogido en una de las actas de los plenos de la Diputación (Sesión 16-4-1885) nos parece de suma importancia y añade otra incógnita difícil de resolver, pues refleja el pago de 267,21 pesetas invertidas por este pintor en la confección de un cuadro de SM. el rey Alfonso XII que la institución le encargó, pagándole además 125 pesetas por la confección del mismo, como viene reflejado en el acta mencionada. El dato en sí resulta curioso y debemos entender esta generosa cantidad como la empleada en la compra de lienzo, pinturas y marco, cuyos justificantes debió presentar, aunque no los hemos visto. En referencia a la elevada cantidad de dinero para la confección de este cuadro, hemos de señalar a título informativo como en los presupuestos de ese año se refleja como sueldo anual del delineante del arquitecto provincial la cantidad de 990 pesetas. La institución le paga además 125 pesetas aparte por la confección de este cuadro. Este puede ser el motivo de la llegada de este grandioso marco a la ciudad, pues recordemos que en esos momentos el pintor se encontraba en Madrid. Todo esto forma parte de una hipótesis sustentada por la interpretación de estos escasos documentos. El lienzo del rey sería destruido con la llegada de la II República, respetando el marco que ha llegado hasta nosotros, como veremos más adelante.   

Sin embargo, estamos hablando de Alfonso XII, y otra de las piezas de este complicado puzle que al parecer desmiente esta hipótesis la encontramos en un documento remitido al archivo de la Delegación de Hacienda de Albacete en 17 de abril de 1931 por el propio delegado de Hacienda que en esos momentos era Eugenio Sellés, (acababa de proclamarse la II República), en el que textualmente indica: Sírvase Vd. admitir en ese Archivo de su cargo la adjunta bandera y ocho retratos del último Rey que figuraban en las distintas dependencias y que deben ser custodiados por pertenecer al Estado...”

Según este documento, los retratos que fueron custodiados en Hacienda eran todos del último rey, es decir, Alfonso XIII, lo que desmontaría la hipótesis sustentada en el encargo de la Diputación a Adolfo Sánchez Megías, a no ser que se tratara de un error humano al pensar que todos los cuadros a custodiar correspondían al último rey.

Proclamación de la II República en Albacete.

En una provincia agraria como Albacete, aún a pesar del gran triunfo monárquico durante las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 en gran parte de los pueblos de la provincia, donde los caciques dominantes no dejaron de realizar su labor, ocurrió que finalmente triunfó la república. Simplificando mucho los contendientes en estas elecciones entre monárquicos y republicanos, ambos bandos se esforzaron por contrarrestar al oponente, tratando de ganar las elecciones, aunque también influyó en el resultado final la aplicación de la ley electoral de 1907 por la que se regían estas elecciones. En cualquier caso, todos los investigadores coinciden en que supusieron el detonante preciso para desencadenar movilizaciones que aglutinaron el descontento que existía en numerosos sectores y que ocasionaron el final del reinado de Alfonso XII, ya que estas movilizaciones se realizaron al constatar que ni el ejército ni la Guardia Civil se enfrentarían a los manifestantes en defensa del Rey (Requena, 1991). Así, el 14 de abril a las 16,30 horas se proclamó en Albacete la II República, siendo alguno de sus protagonistas Arturo Cortés y Nicolás Belmonte que se presentaron en el Gobierno Civil solicitando la entrega del mando.

Este hecho supuso el cambio de los símbolos del anterior régimen; por ello fueron retirados para su custodia este tipo de elementos como refleja el escrito conservado en el Archivo Histórico Provincial de Albacete al que hemos hecho referencia anteriormente, en el que Eugenio Sellés, delegado de Hacienda que en esos momentos estaba situada en el edificio que fue Convento de Justinianas situado en la calle San Agustín nº 29, se dirige a Francisco Navas del Valle, funcionario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, que ocupaba el puesto de archivero de Hacienda, para que custodiara una bandera y ocho retratos del rey depuesto.

 

Figura 16.- Documento dirigido al archivero de la delegación de Hacienda pidiéndole que custodie una bandera y ocho retratos del rey que eran propiedad del Estado (AHPAB-Correspondencia, Expediente 34334).

Al parecer, y debido a la rapidez e imprevisión de la proclamación de la II República, en los primeros momentos se colocó una bandera tricolor en el balcón del ayuntamiento que no tenía la calidad de las que ondearon anteriormente, debido sobre todo a la precipitación del momento. La opinión general de la gente de la calle criticando este hecho dio pié al redactor Luis Gómez Cámara para publicar un artículo en El Defensor de Albacete donde opinaba que fueran de la calidad que fueran estas primeras banderas, las mismas deberían conservarse, pues pronto se sustituirían por otras mejores. Algo similar es lo que hizo el delegado de Hacienda al ordenar al archivero de esa institución la conservación de una bandera y ocho retratos del último rey, símbolos del anterior régimen político.

 

 

Figura 17.- Escrito publicado en El Defensor de Albacete en 1931.

En el Albacete de ese momento se respiraba sobre todo libertad, y los nombramientos de funcionarios afines al gobierno de esos momentos se continuaron realizando en numerosos lugares, sin que la ciudad de Albacete fuera una excepción, ya que el gobierno nombró a José Cánovas Torregrosa (el 8-9-1932), como nuevo delegado de Hacienda de Albacete, procedente de la ciudad de Alicante donde venía desempeñando el cargo de interventor, publicándose su nombramiento como era costumbre en la Gaceta de Madrid (10-9-1932), y difundiéndolo la prensa albacetense.

    


 Figura 18.- Gaceta de Madrid nº 1824 (10-9-1932).                          



 Figura 19.- Defensor de Albacete nº 9301 (10-9-1932)

Este nuevo delegado en su primera visita al archivo de Hacienda, enterándose que por órdenes del anterior delegado allí se custodiaban la bandera y los ocho retratos mencionados anteriormente, envió un escrito al archivero de Hacienda en el que le ordenaba que destruyera la bandera y los cuadros mencionados, excepto los  marcos porque: “... tienen un relativo valor artístico...”. En ese escrito también  menciona que: “... debieron ser destruidos...”, dándole un plazo de 24 horas para que arrancase los lienzos de sus marcos y los quemara en el patio de la delegación, avisándole del momento de realizar este hecho para contemplar su destrucción en compañía de otros jefes, “... levantando el acta oportuna...”. Esta actitud dejaba mucho que desear, porque estos elementos estaban fuera de circulación y custodiados donde debían estar. Sin embargo, todo se realizó como lo ordenó el delegado en el patio de la delegación y se levantó de todo ello un acta por parte del mencionado archivero que también se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Albacete. Este documento dice:

 En cumplimiento de lo ordenado en su atento oficio fecha de hoy, en el que se onra (sic) ordenar que en plazo de 24 horas, sean destruidos los retratos del último Rey y la antigua bandera de España, los cuales aguardan en esta Administración en virtud de lo dispuesto por el Sr. Delegado, su antecesor, en oficio de 17 de Abril del año anterior, he de manifestar a V.I. que los retratos han sido quitados de los marcos que ocupaban y a las 12 del día de mañana se procederá a su quema, juntamente con la dicha bandera, en el patio de esta Delegación.

Albacete, 17 Noviembre de 1932 (AHPAB-Correspondencia, Expediente 34334).


  Figura 20.- Documento por el que el delegado de Hacienda ordena al archivero de la delegación la destrucción de los símbolos custodiados (AHPAB-Correspondencia, Expediente 34334).

 Figura 21.- Contestación del archivero de la delegación de Hacienda a la orden del Delegado José Cánovas Torregrosa (AHPAB- Correspondencia, Expediente 34334).

 

EL VALOR DE LOS SÍMBOLOS

 

El retrato pictórico tiene un contenido simbólico, es decir, no real, sobre todo si los representados son personajes como príncipes o reyes y son retratos oficiales o cortesanos realizados exclusivamente para alcanzar una proyección simbólica de la autoridad...” como recoge el manual universitario de la UOC sobre Iconografía del poder.

El poder queda reflejado así por diferentes símbolos, desde la arquitectura de palacios, castillos, torres, etc., que representaban el poder del señor, hasta las banderas, uniformes, cetro, trono, corona..., junto a emblemas que se han venido representando en diversas realizaciones artísticas. A todos estos símbolos de poder se les atribuía un pasado legendario. La corona quizás sea como símbolo de poder, el más conocido de todos, hasta el punto de designar bajo su nombre al conjunto de la institución, como apunta Brisset, constituyendo la monarquía la expresión visible de un poder sacro (García Pelayo, 1981:66). En consonancia con esto, Javier Alvarado argumenta que el rey ha de estar presente en todos los rincones, utilizando para ello todos los medios a su alcance: monedas, billetes, sellos, cuadros oficiales....

 

El hecho en sí es que con la proclamación de la II República en Albacete, todos los lienzos que se custodiaban en el archivo de la delegación de hacienda de Albacete fueron quemados, quedando reflejando en el acta que se trataba de representaciones reales.

Con posterioridad a estos hechos, la conservación de obras de arte, fueran del signo que fueran, se convirtió en un objetivo para muchas personas, aunque tuvieran que sortear numerosos obstáculos para lograr estos fines, como ocurrió en la cercana Guerra Civil donde se dictaron órdenes al respecto por ambos bandos, sin embargo, también se sucedieron en ambos bandos actuaciones que supusieron la destrucción de numeroso patrimonio artístico. Así, en el Diario de la República (2-8-1936), se publicó un Decreto de 23-7-1936, por el que se creaba la Junta encargada de la conservación de las obras de arte que se hallaban en los Palacios que habían sido ocupados, quedando fuera de este decreto los bienes de valor que albergaran conventos, iglesias y otros edificios, lo que motivó que a continuación se volviera a decretar el aumento de los vocales que se dedicaban a estos menesteres, ahora ya con autoridad para incautarse y conservar en nombre del Estado todo tipo de obras muebles e inmuebles de interés histórico, artístico o bibliográfico que a su juicio pudieran ofrecer peligro de destrucción, pérdida o deterioro (estos cargos eran gratuitos). Un año después, tras una reordenación de estas juntas (5-4-1937), que se publicó en la Gaceta de Madrid nº 109, se crearon por orden ministerial juntas propias en todas las capitales de provincia, entre ellas Albacete, ya que anteriormente las competencias estaban divididas y por lo tanto su efectividad dejaba mucho que desear en determinados casos. De este modo, comenzó su andadura la Junta delegada del Tesoro Artístico de Albacete (12-5-1937) que fue presidida por Antonio Urtado Pobo, delegado provincial de Cultura, y compuesta por los vocales Joaquín Sánchez Jiménez, Julio Carrilero Prat y Pedro Casciaro Parodí, aunque, en general, estas juntas siempre adolecieron de falta de medios para cumplir su cometido, aún así, los logros conseguidos fueron muy importantes, aunque todo ello forma parte de otra historia.

 

CONSIDERACIONES FINALES

Tenemos numerosos indicios que son susceptibles de indicarnos lo que ocurrió verdaderamente con el lienzo que formó parte del marco que ha llegado hasta nosotros. En principio, podemos confirmar que la Diputación encargó dos retratos de Alfonso XIII al pintor Adelardo Rebollo, de los que uno apareció muchos años después de la Guerra Civil en poder de D. Antonio Muñoz Vera, anticuario de Cartagena que lo ofreció al IEA para su compra, que se realizaría algún tiempo después. El mencionado cuadro se adquirió por la Diputación de Albacete en 350.000 pesetas, y es el mismo cuadro que actualmente figura expuesto en el salón de plenos de la institución, y que el pintor realizó en 1902; del otro cuadro que se le encargó nada se sabe, aunque Juan Francisco Fernández, Presidente de la institución en aquellos momentos, reveló en uno de los plenos del año 1992 que se estaban realizando gestiones para recuperar cuadros de Alfonso XII y Alfonso XIII que en su día pertenecieron a la Diputación.

Figura 22.- Extracto de lo informado por el Presidente de la Diputación en uno de los plenos celebrado en 1992, sobre el hecho de estar realizando gestiones para la adquisición de esos cuadros.

Por otro lado, tenemos el encargo que la diputación  le hizo unos años antes al pintor Adolfo Sánchez Mejías, pues aunque era del rey Alfonso XII, debido al precio tan elevado de su coste, bien pudiera tratarse de este marco, pero esta hipótesis que puede ser la más factible queda en entredicho por la aseveración que realiza el delegado de hacienda en el escrito que le dirige al archivero donde le indica que debe custodiar los retratos oficiales “del último rey”, refiriéndose a Alfonso XIII. ¿Se trató de un error? Nunca sabremos si en esos ocho lienzos había alguno de Alfonso XII. Todo cambiaría si llegásemos a ver la fotografía en la que, al parecer, figuraba Alfonso XIII en el lienzo destruido de ese marco, que en su momento estuvo colgado en el salón de sesiones de la diputación. Sobre este particular, hemos de decir que durante el transcurso de nuestra investigación no hemos dejado de buscar la mencionada fotografía, y finalmente, creemos haberla hallado, casualmente, como casi siempre ocurre. La fotografía en cuestión nos la ha facilitado Elvira Valero, y fue publicada en una pequeña recopilación de cuarenta postales de Albacete por Filatelia y Numismática Rafael Martínez, además de esto, he localizado otras dos fotografías en la que se ve una escena del salón de sesiones de la diputación con un cuadro colgado que se corresponde sin ninguna duda con el mencionado marco, conteniendo su lienzo una figura real, aunque en este caso no se ve el cuadro completo, confirmando que, efectivamente, el lienzo destruido y contenido por el marco objeto de estudio se correspondía con el retrato de Alfonso XIII, pues, aunque en este caso no se vea nada más que la parte inferior del mismo, con el casco con filete y llorón de pluma blanca, es el mismo que aparece en la fotografía publicada por la casa filatélica.



Figura 23.- Fotografía facilitada por Elvira Valero, y publicada en un álbum de cuarenta fotografías de Albacete por Filatelia y Numismática Rafael Martínez. 



Figura 24.- Discurso del Doctor Albiñana en el salón de plenos de la Diputación Provincial de Albacete Sobre la mesa del salón de plenos se encuentra la escribanía de plata que la diputación compró al platero Casas de Barcelona, y que hoy se encuentra en la vitrina derecha de entrada al despacho de Presidencia de la institución. Fotografía de Julián Collado. Fondo fotográfico Provincial. Archivo de la Diputación de Albacete. 


Mismo discurso anterior. De izq. a drcha. Matías Caballero, Gadencio y Prudencio Ramirez. Sentados: Joaquín del Rey Almendros y un desconocido.

Por otra parte, y gracias a otra de las actas de la institución celebrada el 11-1-1930, tenemos conocimiento de la fecha de colocación de este cuadro en el salón de plenos, pues en abril del año 1929, la Diputación le impuso una sustanciosa multa por incumplimiento de contrato a Don Gabriel Ochoa, con quien había llegado a un acuerdo para la decoración del despacho del Presidente y del salón de plenos, siendo uno de los pocos trabajos realizados hasta el momento de la sanción, el de la colocación en el mencionado salón de un retrato de Su Majestad (ahora sabemos que de Alfonso XIII), por el que se pagaron 25 pesetas a Don Enrique Vizcaíno.



Figura 25.- Fragmento del acta plenaria de la sesión del 11-1-1930.

Lo que no deja lugar a dudas es que se destruyeron indebidamente ocho lienzos y una bandera solo por el hecho de representar una ideología anterior, pues podían haber seguido fuera de circulación y custodiados en el archivo de hacienda como había ordenado Eugenio Selles en un primer momento; al destruirlos posteriormente, no se tuvo en cuenta su posible valor artístico o testimonial, pues solamente se sustentó la orden en el criterio político de una persona que, además, no era la idónea para emitir ese tipo de juicio. En cualquier caso, ahora tenemos la certeza de que la persona representada en el lienzo que un día contuvo este marco, fue la del Rey Alfonso XIII, comentando sobre la corona superior del cuadro, que independientemente de haber visto como se realizaron representaciones reales a lo largo de la historia que no se ajustaban a las normas heráldicas, tradicionalmente, en el timbre de numerosos escudos de Albacete (de la ciudad, sobre todo), desde el siglo XIX se ha venido utilizando para su representación mayoritariamente la corona de Marqués, en recuerdo de D. Alfonso de Aragón, marqués de Villena, que fue quien otorgó el título de villa a Albacete en 1375, desvinculándola así de Chinchilla (García Sauco, 2009:169). Hay numerosos ejemplos de ello en la ciudad, así lo muestra el escudo de Albacete que corona el edificio de la Diputación provincial donde figura con timbre de marqués, existiendo otros ejemplos en el edificio ferial, donde existe una representación del escudo de la ciudad en una de las entradas al templete central que también está timbrado de marqués. Del mismo modo, el escudo existente en la reproducción de la puerta original de la feria (1783), de la que hay una reproducción exacta frente a la plaza de toros, y otros muchos ejemplos más.

 

Figura 26.- (Izq.): Escudo de Albacete timbrado con corona de marqués, situado en uno de los accesos al templete interior del  edificio de la Feria (1876). 


Figura 27.- Escudo de la ciudad de Albacete, timbrado con corona de marqués que figuraba en la puerta original de acceso al edificio de la Feria (1783), de la que hay una réplica exacta situada frente a la plaza de toros.

 

Figura 28.- Escudo de la ciudad de Albacete, timbrado con corona de marqués, situado encima de la puerta principal del edificio de la Diputación Provincial.

 

Figura 29.- Salón de sesiones de la Diputación provincial de Albacete, con un único cuadro colgado en la pared del fondo, y del que se desconoce su paradero actual. Publicada en la memoria de la institución de los años 1923-1928, es decir, antes de la llegada de la II República. En la cabecera del salón, es decir, la parte desde la que se ha tomado la fotografía.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

ALVARADO PLANAS, Javier (1995): “La corona como símbolo”. Estudios sobre la monarquía. Uned. (77-100) Madrid.

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BRISSET MARTÍN, Demetrio E. (2012): “Los símbolos del poder” Gazeta de Antropología 28. Universidad de Málaga.

FRANCO, Borja; MIGUÉLEZ CAVERO, Alicia; REGA CASTRO, Iván (coord.), Iconografía y análisis de la imagen,  Oberta UOC Publishing, Barcelona. 2017.

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BURDIEL BUENO, ISABEL (2004): Isabel II. No se puede reinar inocentemente. Editorial Espasa Calpe S.A. Madrid.

 

 

 

 

 

 



 1) Noticia facilitada por Luis Guillermo García-Saúco, quien dice haber visto una fotografía antigua del salón de plenos de la Diputación Provincial donde se observaba colgado el mismo marco al que hacemos referencia con un lienzo del rey Alfonso XIII, sin poder recordar dónde vio la mencionada fotografía.

 2) José Joaquín Cuerda Losa (Solanilla- Alcaraz), asistió como alumno a la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia a finales del siglo XIX, y fue alumno de Joaquín Sorolla, llegando a frecuentar su estudio madrileño. También participó en algunas Exposiciones Nacionales. Al parecer, tras fracasar en su intento de convertirse en pintor destruyó casi toda su producción artística. De carácter atormentado, publicó en 1932 un libro cuyo título es muy explícito: Ensayos para una contrapintura (camino recto y seguro para llegar a porquero).

 3) Clemente López, Pascual (2014): “La Diputación de Albacete como mecenas de las Artes Plásticas en la provincia”, en: Benjamín Palencia y la pintura de su tiempo en Albacete (1909-1978) IEA. 2014, Albacete.

 4) Este cuadro desapareció durante la guerra civil y fue comprado por la Diputación muchos años después cuando fue  ofrecido por un anticuario de Cartagena, motivo por el cual vuelve a estar en la institución.

 5) Eugenio Sellés fue escritor y periodista, hijo del dramaturgo de igual nombre. Marqués de Gerona, aprobó oposiciones a funcionario del estado entrando en Hacienda, llegando a jefe de negociado de 1ª clase. Fue delegado de Hacienda de Albacete desde 26-3-1924 hasta 10-9-1932, siendo nombrado delegado de Hacienda de Córdoba (23-8-1932). Falleció en Albacete el 24-11-1936.

2 comentarios:

  1. Me alegro mucho que hayas vuelto a investigar, enhorabuena por este enorme trabajo. Un saludo

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    1. Muchas gracias como siempre, Rosa, y perdona la tardanza en contestar, he estado muy liado. Gracias por tu opinión.

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